Parece que existe cierta confusión en torno a la germinación de las semillas de marihuana, tanto en los libros como en el material que circula por internet. Vamos a tratar de poner un poco de orden y aclarar algunas ideas, porque la cuestión en sí es bastante sencilla, pero requiere atención.

Seguro que alguna vez has leído u oído que “existen varios sistemas” para germinar las semillas, tales como “vaso de agua, papeles mojados, directamente en la tierra, jiffy, lana de roca, etc., etc., etc.”. Hablar de “varios sistemas”, como si fueran alternativas entre las que hay que elegir, crea confusión, porque en realidad varios de los “sistemas” mencionados son perfectamente compatibles y de hecho son complementarios. Ésta es la primera idea que queremos dejar clara: los sistemas de germinación no son necesariamente alternativas excluyentes, sino que pueden ser las fases sucesivas de un mismo proceso. Nuestro sistema de germinación es una combinación de varias de estas técnicas, en la que cada una corresponde a una fase diferente en la germinación.

Hay cultivadores que no utilizan ninguna técnica especial, sino que germinan sus semillas directamente en la tierra. Desde ya te decimos que éste no es nuestro sistema favorito y no te lo aconsejamos si quieres que tus semillas lleguen a buen puerto. A continuación explicamos por qué:

 

  1. GERMINAR EN TIERRA

 

Respecto a la germinación directamente sobre la tierra, es obvio que éste es el sistema por el que las plantas germinan espontáneamente en la naturaleza y que el hombre ha utilizado durante miles de años, desde que inventó la agricultura, para sembrar todo tipo de plantas. El problema es que las condiciones idóneas de temperatura y humedad necesarias para que una semilla concreta germine no son fáciles de conseguir. La naturaleza dispone de cientos de millones de semillas para lograr sus fines, pero nosotros sólo contamos con unas pocas, que nos han costado una pasta y que tenemos que ver convertidas en plantas llenas de cogollos resinosos y cargados de THC.

Al germinar directamente en tierra, los problemas más frecuentes que vas a tener que sortear tienen que ver con la dosificación del agua de riego y con los hongos. Para empezar, debes utilizar siempre sustrato nuevo, tierra esterilizada con todos los nutrientes que necesita la planta, porque si mezclas con sustrato viejo o tierra de huerta, lo más probable es que expongas la semilla a hongos que pueden matarla.

Aparte tienes que tener buena mano a la hora de regar, para no pasarte ni quedarte corto. Lo suyo es meter las semillas en el sustrato a escasa profundidad (máximo un centímetro) y mantener la tierra bastante húmeda, pero, ojo, sin llegar a encharcar. Nunca añadir agua mientras la tierra esté húmeda. El exceso de agua te lleva de nuevo al hongo y a la muerte prematura de tus plantas. Asimismo, es necesario vigilar el pH del agua. Otro problema típico, si germinas directamente en exterior, es el frío. La temperatura óptima para que las semillas germinen es alrededor de 25 grados, así que el mes idóneo para hacerlo sería normalmente mayo. En fin, si tienes buena mano y la naturaleza está de tu parte, no necesitarás nada más, pero los cultivadores que echan la culpa a la mala calidad de las semillas cuando no les germinan, deben tener en cuenta que en tierra directamente es bastante difícil atinar con la germinación.

 

NUESTRO SISTEMA DE GERMINACIÓN, EN DOS PASOS

 

Bien por los que germinan directamente en la tierra, pero nosotros te recomendamos que sigas los pasos a continuación, que suponen en nuestra opinión el método de germinación más fiable:

 

PASO 1. ABRIR LA SEMILLA: AGUA Y NADA MÁS QUE AGUA

 

Nuestro primer paso es hacer que la semilla se abra y nos muestre la raíz, y para ello necesita dos cosas: humedad y calor. Podemos escoger entre dos técnicas:

 

VASO DE AGUA:

Sin duda es el método más sencillo en cuanto a medios. Tenemos que meter las semillas en un vaso de agua algo caliente (30 grados), preferiblemente destilada, y después dejaremos el vaso en un sitio oscuro y cálido (por encima de 24 grados de temperatura ambiente). En los días sucesivos comprobaremos cómo las semillas se van abriendo y nos van mostrando su raíz (es una raíz muy pequeña y blanca, que se denomina radícula). Unas semillas pueden tardar bastante más que otras. A los dos días hay que cambiar el agua del vaso o echarle una gota de lejía para evitar la putrefacción. A medida que las semillas muestran la raíz, lo que suele ocurrir en unas 48 horas (normalmente no más de tres o cuatro días), pueden sacarse del vaso para pasarlas a la siguiente fase (Paso 2).

 

PAPEL HUMEDECIDO:

Es otro método casero. Tomamos un plato hondo, lo cubrimos con un papel de cocina, una servilleta de papel o papel higiénico. Humedecemos el papel mediante pulverización (mejor agua destilada), sin llegar a encharcar. Colocamos las semillas sobre el papel, separadas unas de otras. Las cubrimos con otra capa de papel y repetimos la operación de pulverizar agua. Cubrimos el plato con otro plato hondo y lo colocamos en un sitio oscuro y cálido (por encima de 24 grados de temperatura ambiente). Algunos cultivadores meten el plato dentro de una bolsa de plástico (nueva) y la cierran para evitar contacto con hongos. Debemos vigilar y volver a pulverizar periódicamente, para evitar que el papel se seque. En los días sucesivos, frecuentemente en 48 horas (y normalmente no más de tres o cuatro días), las semillas irán mostrando la radícula. A medida que lo hagan, pueden retirarse para pasar a la siguiente fase (Paso 2).

 

Semillas de cannabis en germinación mostrando su radícula

 

QUÉ HACER SI NO SE ABREN LAS SEMILLAS

 

Es posible que no todas las semillas se abran al mismo tiempo. Algunas de ellas tienen cáscaras duras y tardan más en abrirse. En la naturaleza, hay semillas que germinan demasiado pronto, estimuladas con las primeras lluvias, cuando todavía no es la temporada. Con frecuencia mueren debido a que posteriormente hace todavía demasiado frío o las siguientes lluvias tardan más en llegar. Las semillas con la cáscara más dura tardarán en germinar y lo harán a tiempo, cuando la estación cálida ya comienza, y por tanto tendrán más posibilidades de convertirse en plantas adultas. ¡Ésta es, pues, una adaptación favorable de la naturaleza! Para ayudar a germinar a estas semillas, muchos cultivadores experimentados las muerden cuidadosamente, más o menos como se hace con una pipa de girasol, y después, con un cuchillo o tijeras, hacen palanca en la abertura, con mucho cuidado para no dañar la semilla por dentro. Una vez abiertas así, las semillas se devuelven al plato o al vaso y a esperar… Normalmente no tardaremos mucho en ver aparecer la radícula.

 

PASO 2. DE SEMILLA A PLÁNTULA: SUSTRATOS PARA GERMINACIÓN

 

Una vez que la semilla nos ha mostrado su radícula en el vaso de agua o en el papel humedecido, tenemos que conseguir que esta radícula crezca y se transforme en una raíz propiamente dicha y que al mismo tiempo la semilla desarrolle su primer tallo y sus primeros cotiledones. Lo que obtendremos en este proceso será una plántula de aproximadamente un palmo de longitud, que todavía no es una planta propiamente dicha, pero que sí estará lo suficientemente desarrollada como para poder ser trasplantada con ciertas garantías al medio escogido para su crecimiento (maceta, terreno de jardín…).

Existe por supuesto la posibilidad de saltarse este paso y plantar directamente la semilla ya abierta en la tierra definitiva, pero el desarrollo de la plántula es un proceso delicado que tendrá más posibilidades de éxito si se lleva a cabo en un medio optimizado para su control, como son los sustratos para germinación. Los dos más conocidos son:

LANA DE ROCA:

Es un material aislante fabricado a base de roca volcánica. Para conseguirlo, se derriten rocas basálticas a una temperatura de 1.600º. El fluido resultante (parecido a la lava de un volcán) se centrifuga para ser convertido en fibras que posteriormente se ligan mediante una sustancia orgánica y así adquieren una consistencia parecida a la de la lana. La estructura de la lana de roca contiene aire seco y estable en su interior, por lo que actúa como obstáculo frente a las transferencias de temperatura (frío o calor), pero es muy hidrófila.

Plántula que asoma sus hojas por el orificio de un taco de lana de roca

Para usar la lana de roca como sustrato para germinación, debemos proceder como sigue. Metemos los cubos de lana de roca (de pequeño tamaño) en un recipiente con agua (mejor destilada) y dejamos que se empapen bien. Después los escurrimos con la mano para eliminar el sobrante de agua. A continuación abrimos con un punzón o clavo un agujero en una de las caras del cubo, casi hasta el fondo, para colocar ahí la semilla. Como ya hemos germinado un poco la semilla mediante el Paso 1, ya sabemos hacia qué lado sale la raíz, así que la introducimos por el orificio, casi a ras de superficie, máximo un centímetro de profundidad, y con la raíz hacia dentro. Colocamos los cubos en un sitio cálido, preferiblemente un mini-invernadero y, si se quiere, se le puede dar luz, ya que ésta le proporcionará también calor (pero, ojo, no pasar de 26 grados). A los pocos días, el tallo empezará a brotar por el agujero practicado y pronto la plántula estará lista para ser trasplantada a suelo o maceta.

JIFFY:

Es un disco de turba prensada, con el que debemos proceder de forma análoga a lo que hicimos con la lana de roca. Se moja el Jiffy (al hacerlo se hincha), se prensa con la mano, se le practica un agujero (si no viene ya hecho) y se introduce la semilla con la raíz hacia dentro (ya está un poco germinada mediante el Paso 1, por lo cual podemos ver la raíz) y a 1 centímetro como máximo de profundidad. Colocamos los Jiffys en un sitio cálido, preferiblemente un mini-invernadero y, si se quiere, se les puede dar luz, ya que ésta les proporcionará también calor (pero, ojo, no pasar de 26 grados). A los pocos días, el tallo empezará a brotar por el agujero practicado y pronto la plántula estará lista para ser trasplantada a suelo o maceta. Los jiffys mantienen el agua hasta dos días. Cuando hacia los tres días veas que su color se vuelve más claro y que han perdido peso, eso quiere decir que debes humedecerlos de nuevo, pero no lo hagas antes y desde luego no los mantengas en ningún caso en agua.

Plántula de cannabis germinada en jiffy

LAS PLANTAS, A LA TIERRA

 

Bueno, hecho esto, ¿cómo sabemos cuándo hay que pasar las plantas a lo que será su medio definitivo, sea maceta o tierra de jardín? Con la luz apropiada, la plántula desarrollará un tallo de unos diez centímetros. Este tallo es tan delgado y frágil que puede ser incluso un problema mantenerlo erguido. Por ello, ¿sabes cuál es la mejor solución con él? Mételo en el sustrato, de forma que la plántula quede enterrada hasta los cotiledones. De esta forma, si aún está bastante blanco cuando lo entierres ¡el tallo se convertirá en raíz y tu planta ganará de golpe el doble de raíz!